Según la encuesta europea de salud Stada 2024, para el 80% de los españoles es importante llegar en buenas condiciones de salud a los 70 años. Para ello, el 61% dice que es importante hacer ejercicio con regularidad y mantener unos buenos hábitos alimenticios. Sin embargo, a pesar de saberse la teoría, menos de 45% afirma cumplir son las recomendaciones.
Hoy, los datos indican que los españoles saben la lección sobre los hábitos saludables, pero aún no la aplican del todo. Y eso a pesar de que la salud del futuro comienza son los hábitos de hoy.
Saludable hoy, sano mañana
Gracias a los avances de la medicina y la mejora en estilos de vida saludables cada vez vivimos más. Y para sacar el máximo partido a esos años, es crucial empezar a cuidar de nuestra salud cuanto antes. Al fin y al cabo, nuestra calidad de vida en la vejez depende directamente de cuánta atención prestemos a nuestro bienestar general en el presente.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), aunque en Europa la esperanza de vida no hace más que aumentar, los europeos no cruzan el ecuador de su vida en el mejor estado de salud. Sin embargo, el empeoramiento de la salud que se produce con el aumento de la edad no siempre está provocado por el deterioro propio de la vejez: en muchos casos, se debe a los malos hábitos de etapas anteriores de nuestra vida. Algunos de los factores con mayor impacto en nuestro estilo de vida no dependen de nosotros—como la calidad del aire en la ciudad en la que vivimos—, pero corregir otros está a nuestro alcance, como es el caso del consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias, la mala alimentación y la inactividad física.

Sedentarismo y mala alimentación
En los últimos años, nos hemos acostumbrado a un estilo de vida que invita al sedentarismo. Al mismo tiempo, la incorporación a nuestra vida de productos poco saludables, como sucede con los ultraprocesados, ha influido negativamente en nuestra salud general. Y eso, a pesar de que la incorporación de la actividad en nuestro estilo de vida es uno de los factores con un mayor efecto sobre la salud de nuestro futuro.
Si te estás preguntando hasta qué punto tú eres una persona lo suficientemente activa, debes saber que una persona sedentaria es aquella cuya actividad diaria se realiza en una posición sentada o reclinada y con un gasto energético mínimo durante más de 8 horas. Y si te encuentras en ese grupo, quizá quieras replantearte una mejora de hábitos.
Este estilo de vida se caracteriza por:
- Menor quema de grasa diaria
- Posible pérdida de masa muscular y menor resistencia
- Debilitamiento de los huesos
- Problemas metabólicos de síntesis de grasas y azúcares
- Un sistema inmunitario debilitado
- Mala circulación sanguínea
- El cuerpo sufre de mayor inflamación y retención de líquidos
- Pueden producirse desequilibrios hormonales
Y es que, al final, el sedentarismo tiene unos efectos considerablemente nocivos sobre la salud. Los tiene, además, aunque cumplamos unos mínimos de ejercicio físico. Es así porque el estilo de vida activo—el más saludable—, incorpora la actividad a lo largo de todo el día, además de respetar los mínimos de ejercicio moderado e intenso marcados por los profesionales médicos.
Por si fuera poco, tenemos evidencia sobre la relación entre un estilo de vida sedentario y una alimentación poco saludable. El estilo de vida que se caracteriza por un gasto energético bajo, y actividades que se realizan sentado o en descanso durante largos períodos de tiempo está asociado con un mayor consumo de alimentos insanos. Al mismo tiempo, también se relaciona con unas mayores tasas de obesidad y con mayores probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas.
Esta relación, además, se produce en ambas direcciones. Según los resultados de una investigación del Centro de Ciencias del Peso, Alimentación y Estilo de Vida la Universidad de Drexel (EE.UU.) una rutina más activa ayuda a mantener una dieta más saludable. De acuerdo con este estudio, el ejercicio reduce hasta un 12 por ciento las probabilidades de que una persona activa coma en exceso.
Así, es importante que, además de incorporar la actividad a nuestra rutina, también nos esforcemos por desarrollar unos buenos hábitos alimenticios. Porque la realidad es que nuestro cuerpo tiene tendencia a pedirnos aquellos que son menos sanos. Este sesgo está provocado por la palatabilidad de los alimentos, es decir, lo agradables con resultan al paladar. Y, por desgracia, nuestro paladar tiene preferencia por los sabores potenciados con tres ingredientes poco sanos: el azúcar, la sal y la grasa. Tres alimentos que debemos mantener bajo un estricto control si queremos desarrollar un estilo de vida lo más saludable posible.

Romper el ciclo por la salud
Para mejorar nuestra salud futura, es crucial que nos impongamos a los estilos de vida poco saludables. Nuestra rutina saludable tiene que incorporar un enfoque a largo plazo y permitirnos mantener los buenos hábitos en el tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta adherencia a los hábitos saludables se define como
“el grado en el que la conducta de un paciente, en relación con el seguimiento de una dieta o la modificación de hábitos de vida, se corresponde con las recomendaciones acordadas con el profesional sanitario”.
Por ello, es importante incorporar los buenos hábitos de forma gradual, asegurándonos de que su presencia en el día a día es sostenible. Para ello podemos empezar con rutinas sencillas que nos alejen del sedentarismo como desplazarnos a pie siempre que sea posible, realizar labores en casa, tratar de pasar más tiempo de pie o incorporar movimiento cada 30 min de inactividad.
También debemos prestar atención a nuestra alimentación e implementar cambios que la hagan más saludable de forma gradual. Podemos, por ejemplo, elegir siempre la opción más sana cuando llegue el momento de una comida determinada al día, o asegurarnos de realizar todas las comidas en cantidad suficiente para evitar que nos entre hambre entre horas. Así será más fácil evitar tentaciones poco saludables.
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